El deporte de caballeros, como es denominado históricamente, siempre ha sido el blanco de las críticas, no tanto por su imponencia y el riesgo físico que ello puede provocar sino por ser considerado elitista.
Si bien sus orígenes son aristocráticos, hoy en día el mito de la exclusividad para aquel que posee dinero, puede considerarse totalmente desterrado.
En
Durante mucho tiempo, la práctica de rugby fue instalada como elitista en el país, donde sólo podía ser jugado por gente de clase alta, debido a que únicamente se lo enseñaba en colegios privados y de origen inglés, a los cuales únicamente tenían acceso las personas de la alta sociedad argentina.
Pero actualmente cualquier persona que desee jugar al rugby lo puede hacer sin importar su clase social. Eso es seguro. Todos encuentran su lugar en él a diferencia de otros deportes que priorizan la habilidad o una determinada contextura física. Es un deporte tanto para grandes como chicos.
A diferencia de los países europeos en Argentina aún es amateur por lo que puede decirse que es el único deporte en equipo que conserva prácticamente intactos los auténticos valores deportivos y no deportivos como el respeto, la caballerosidad y compañerismo, renunciando a las grandes sumas de dinero y al marketing.
En él no existe el individualismo; quien marca una diferencia es el equipo, no un jugador en particular. No existe el “jugador estrella”, por lo que cada uno de ellos es indispensable.
Si bien las cuotas que se abonan dependen de cada club, para jugarlo solo bastan pantalones cortos y una pelota.
No es necesario ser un caballero de

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